Hacia un modelo singular de SA

Una de las paradojas del cooperativismo vasco radica en el hecho de que ha generado el mayor grupo empresarial del país, pero no ha conseguido consolidar una alternativa societaria cuantitativamente reseñable.

Efectivamente, el grupo nacido en Mondragón a finales del siglo pasado bajo los auspicios del Padre Arizmendiarrieta se ha convertido no sólo en el líder empresarial vasco sino también en el séptimo a nivel del Estado.

Sin embargo, el conjunto de cooperativas, incluso incluyendo otro tipo de empresas de la denominada economía social, representan escasamente el 5% del empleo vasco.

Si las empresas vascas han elegido de una forma abrumadoramente mayoritaria fórmulas mercantiles convencionales, ¿quiere esto decir que no pueden ser aprovechadas en las mismas las claves del éxito de la experiencia de Mondragón? ¿O sería posible intentar realizar, en palabras de Tom Peters, un proyecto de «hibridación» tratando de conjugar las virtudes de dos elementos -el cooperativismo y la sociedad anónima- completamente diferentes?

Se ha afirmado que una de las razones del éxito del cooperativismo de Mondragón, radica en la alineación natural de alguno de sus valores empresariales con las características de la cultura vasca.

Pocos datos hay que puedan avalar o desautorizar esa teoría. Pero algunos recogidos en la Encuesta Europea de Valores podrían apuntar en esa dirección.

En dicha encuesta se indica que un 29% de los trabajadores vascos (frente al 18% en España y el 7,8% en Alemania) opinan que es el personal de las empresas el que debe nombrar a los directivos. Por contra, solamente un 14% de dichos trabajadores opina que es responsabilidad exclusiva de los propietarios de la empresa el nombrar a los citados directivos, cifra que contrasta con el 25% del colectivo en las empresas españolas y el 43% en Alemania.

¿Podrían representar estos datos un indicio de que, efectivamente, la singular cultura de nuestro país se manifiesta también en las relaciones que se establecen con el trabajo?

La «mayor distancia a la autoridad», que aparece también en otros estudios realizados (y que se refleja bien en la frase de los monjes vascos medievales, «Contra el abad quien quiera que sea») y el mayor peso que históricamente han tenido los trabajos comunitarios (Auzolan,….) en el país podrían apuntar al hecho de una concepción más participativa y menos jerarquizada de las empresas.

Desde otro punto de vista, dos estudios empíricos realizados con 20 años de diferencia por la Universidad de Harvard demuestran que existe una alta correlación positiva entre los resultados de la empresa y la participación en los mismos de los trabajadores en ella empleados.

Otro estudio, encargado por la Presidencia del Estado francés al Centro de Estudios Estratégicos, concluye que la participación de los asalariados en los resultados de la empresa conduce a una mayor contención salarial y a una mayor aceptación de sacrificios en los momentos difíciles de la misma.

Y también el ministerio de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno alemán ha decidido potenciar con nuevas medidas la participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas, como una de las fórmulas para hacer frente a la grave crisis económica que estamos viviendo.

En ese contexto, la Asociación de Amigos de Arizmendiarrieta estudia el diseño de una sociedad anónima original inspirada en los valores cooperativos y en la cultura diferencial del País Vasco. Ha promovido un «Foro Permanente para la participación de las personas en la empresa» conjuntamente con los Institutos cooperativos de las universidades del País Vasco, Deusto y Mondragón y con la facultad de Empresariales de esta última universidad, con el objetivo, entre otros, de elaborar propuestas de cambios normativos a proponer a las instituciones correspondientes para potenciar dicha participación.

La incorporación de algunas empresas vascas que buscan la implicación de sus trabajadores en el devenir de la empresa, al trabajo que está realizando este Foro debería posibilitar la «hibridación» del caudal de saber depositado en las universidades citadas y la búsqueda de soluciones prácticas a los objetivos de las empresas involucradas.

Tratando así de dar un pequeño paso práctico en una dirección que culminaría en un modelo de sociedad anónima singular, más adaptada a los valores de nuestra cultura y a las necesidades del mundo moderno.

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